PREVENIMOS A LOS TUYOS

Esta sección incluye los siguientes anexos informativos como información complementaria. Así también medidas de atención básica:

DESCRIPCIÓN DE LA PROBLEMÁTICA QUE EL PROYECTO ATIENDE

El fenómeno de niñas y adolescentes madres en situación de calle y riesgo nos remite a una problemática que va en aumento a nivel nacional: la niñez callejera. El tema del crecimiento o decrecimiento del índice de población viviendo en calle y/o trabajando en calle actualmente genera bastante polémica; personajes del Tercer Sector afirmaron en julio del año 2006 que el fenómeno de la infancia callejera en la Ciudad de México continúa en aumento, aunque otras organizaciones sostienen que ya es una situación controlada, que si bien no crece, se mantiene casi con los mismos niveles de población.
El fenómeno social de la vida en calle en la Ciudad de México comienza a llamar la atención de gobierno y organizaciones sociales en los ochenta. La imposición de la política neoliberal practicada a partir del 88 en México (y que) según García en Saucedo, et all (2005) “ha limitado la protección del estado hacía las poblaciones más vulnerables (tales como la infancia) y ha acrecentado la pobreza de manera alarmante, de tal forma que las condiciones sociales y políticas que dieron origen al niño en situación de calle han resurgido con más fuerza,” lo que hace que surjan diversos grupos de la sociedad civil que intentan ocuparse del alivio de dicho fenómeno.

En los noventa el grupo callejero de niñas y adolescentes desfiguraban su presencia y su diálogo femenino, ellas se escondían entre la ropa holgada, la mugre, los piojos, los movimientos y las peleas, todo como una forma de defensa y supervivencia de la mujer ante el agresivo medio circundante. Según Saucedo, et all (2005) en el estudio que publica UNICEF en 1996 hay un 14.60% de niñas en comparación con 85.40% de varones menores de edad en calle. En la actualidad no existen censos confiables metodológicamente que nos hablen de los porcentajes de niñas y niños menores de edad en calle; sin embargo, algunas instituciones que hacen trabajo permanente en calle se aventuran a afirmar que hay hoy en día 4 mujeres por cada 6 hombres, lamentablemente no se cuenta con información certera acerca de la maternidad de la población de calle, menores o mayores de edad.

En el periódico “El Universal” del  día Domingo 06 de agosto de 2006 se lee:
“Cifras oficiales señalan que mientras disminuye el número de niños varones en la calle, la proporción de niñas -cuyas edades van entre seis y 17 años- aumentó desde hace nueve años, pasando de 27 mil 954 a 28 mil 194.
De hecho, es el único sector poblacional cuya proporción aumenta en las calles, pues la de los varones disminuye.
De acuerdo con información que solicitó EL UNIVERSAL al Sistema para el Desarrollo Integral de la Familia (DIF), a través del Instituto Federal de Acceso a la Información Pública (IFAI), también se incrementó el consumo de drogas entre el sector femenino de la población infantil que trabaja en las calles, tengan hogar o no.
En 1997 la proporción entre niñas y niños en la calle que consumían drogas era de tres por cada 100 y, según el estudio más reciente que dio a conocer el DIF en 2004, aumentó a cuatro por cada 100. En el periodo de referencia también aumentó la proporción de niñas que consumen drogas, ya que en 1997 la proporción de mujeres era tres de cada 100 y actualmente son cuatro de cada 100. En los niños también se incrementó este número y pasó de siete de cada 100 a 11 de cada 100. “
Ellas representan aparentemente la minoría con riesgo de convertirse y generar la mayoría. De no atender este problema se está promoviendo que sus hijos sean los siguientes niños y padres en situación de calle. El fenómeno de los niños en y de calle es multifactorial.

Aunque la Misión de DAYA, se centra en la atención de Niñas – Adolescentes Madres y sus hijos en Calle o Riesgo, a lo largo de la experiencia, gracias a las historias de vida, expedientes psicológicos e historiales de salud, se sabe que estas chicas con algunas excepciones, han consumido, consumen y han sido o son adictas a alguna o varias drogas y alcohol.
En algunos casos refieren que suspendieron el consumo en algún momento del embarazo y muchas lo continuaron después.  Una política de DAYA es no recibirlas mientras estén intoxicadas o hayan consumido por lo menos durante la última semana.
Ya dentro del programa residencial, muestran síntomas de síndrome de abstinencia, por lo que nos  hemos visto en la necesidad de incluir además de la habilitación para la maternidad el manejo de la abstinencia, en un tipo mixto de atención; sin embargo, nos vemos en la necesidad de aumentar el acento en la atención a las adicciones.

En nuestro Programa Residencial de Atención a Niñas y Jóvenes Madres que aún no llegan a vivir de manera directa en calle pero que provienen de familias desintegradas, de instituciones sociales o que son canalizadas por gobiernos estatales y municipales por su situación de embarazo o de maternidad, ya que no cuentan con la contención familiar adecuada y necesaria para hacer frente a su condición de madres adolescentes, encontramos pues que:

“México registra altos porcentajes en embarazos de adolescentes, con los riesgos que implican la fecundidad precoz para la salud de la madre y su descendencia, y la procreación en esta etapa de la vida puede limitar el desarrollo personal de las jóvenes y sus importantes implicaciones en sus trayectorias de vida. En el 2000, el número de madres adolescentes de entre los 12 y los 19 años ascendió a 621,942, que representan el 7.5 del total nacional de las jóvenes de dicha edad.  Casi el 3% de las adolescentes entre 12 y 17 años eran madres y en entidades como Chiapas, Chihuahua, Campeche y Baja California el porcentaje se eleva a 4%. En el grupo de edad entre 18 y 19 años la proporción se incrementa de manera notable alcanzando al 22% de las jóvenes de esa edad a nivel nacional e incrementándose a más de la cuarta parte de la población de estados como Nayarit, Baja California, Baja California Sur y Campeche. La CONAPO estimó que durante el año 2000 ocurrieron en el país cerca de 366,000 nacimientos en madres de menos de 19 años de edad, lo que representa el 17% del total de nacimientos. En 1975, las adolescentes registraban una tasa de fecundidad de 130 nacimientos por mil mujeres, valor que disminuyó a 81 en 1995, y a 72 por mil en 1999. Sin embargo, la velocidad de descenso de la fecundidad de descenso de la fecundidad de este grupo no ha sido tan rápida como en los otros segmentos de edad. Por ello, su contribución a la tasa global de fecundidad ha venido creciendo, al pasar de 11.1% en 1975 al 14.5% en el 2000.” (Informe Alternativo para el Comité de los Derechos del Niño de la Organización de Naciones Unidas 1999-2004).

Como informe reciente y complementario a lo anterior debemos de decir “Que la tasa de embarazo en las adolescentes de 12 a 19 años de edad fue de 79 por cada mil mujeres, se estima que 695 100 adolescentes entre 12 y 19 años han estado embarazadas alguna vez, lo que indica la dimensión de este grupo en términos de demanda de servicios salud para la atención del embarazo y parto. Las tasas de embarazo se incrementan en forma sustancial en las jóvenes de nuestro país conforme aumenta la edad. Así, mientras la tasa de embarazo en las adolescentes de 12 a 15 años fue de seis embarazos por cada mil, el número aumentó en las jóvenes de 16 y 17 años a 101 embarazos por cada mil, y el mayor incremento se observó en las adolescentes de 18 y 19 años, entre quienes se alcanzó una tasa de 225 embarazos por cada mil mujeres. Estos resultados ubican al embarazo en la adolescencia como un problema relevante en nuestro país, sobre todo en las mujeres de 12 a 15 años, ya que en estas edades constituye un elevado riesgo para la salud tanto de la madre como del hijo. (ENCUESTA NACIONAL DE SALUD Y NUTRICION 2006, Instituto Nacional de Salud Pública, Secretaría de Salud, presentada el 26 de septiembre de 2006)
Lo mencionado anteriormente, debe contextualizarse en el ámbito de las madres adolescentes en situación marginal, donde el ámbito nutricional es muy delicado por sus condiciones de pobreza y por el alto consumo de alcohol o drogas. En el caso de las chicas en situación de calle, el consumo de los solventes y pegamentos que quitan el hambre, dañan de manera directa el sistema nervioso, el cerebro y el sistema respiratorio, lo que genera mayor riesgo tanto para la salud de la madre como del hijo.

Más del 90% de la población de niñas y jóvenes atendida por Daya comparte ciertas características familiares, sociales y psicológicas como las siguientes:

daya Provienen de hogares en condiciones de pobreza extrema o pobreza de necesidades.
daya Abandonan sus hogares de procedencia antes de los quince años.
daya Sufren de maltrato físico y psicológico dentro de su contexto social y familiar.
daya Padecen segregación y marginación por su condición de Mujer.
daya Experimentan experiencias de abuso sexual y físico por parte de miembros de su familia o de su contexto social entre los 6 y 15 años.
daya Consumen o prueban sustancias tóxicas como tabaco, alcohol y drogas antes de los 15 años.
daya La escolaridad promedio es de 6° grado de primaria.
daya Perciben de manera negativa a la figura materna, ya sea por abandono, complicidad con agresores, negligencia o maltrato.
daya La figura masculina es percibida como abusadora y existe en todos sus niveles el fenómeno del padre ausente.
daya Aceptan su condición de madres sin conciencia ni preparación, lo que les ocasiona un fenómeno de amor-odio permanente hacía sus hijos.
daya Los niños y niñas no fueron deseados ni planeados.
daya Se relacionan con hombres delincuentes, adictos de sustancias tóxicas, con varias parejas o migrantes.
daya Mantienen relaciones sexuales de alto riesgo sin ser conscientes de las consecuencias.
daya No tienen conocimientos de maternidad.